enlasmanosdeyaras decir que no

He aprendido a decir que no y vivimos más tranquilos

Hace unas semana una amiga me llamó para invitarme a merendar en casa con los peques. Ellos podían pasar una tarde juntos y nosotras nos tomábamos un vino, varias mamás-amigas juntas.

He tenido que decir que no. He querido decirle que no.

¿Cómo? ¿Por qué? Te estarás preguntando. Con lo guay que es quedar con las amigas, tomar un vino, un café y disfrutar de una charla de chicas. Risas, secretos y confesiones aseguradas. Pues si, y me gusta, la verdad. Hubo una época en la que esto lo eché de menos, cuando mis peques eran super pequeños y no podía quedar en un ambiente así porque mis ojos tenían que estar para mirar a mis niños todo el rato.

¿Y ahora que puedo, por qué no lo hago? Pues ahora que puedo lo hago, pero no a costa de agobios, prisas y “complicarme la vida”.

Y a lo mejor suena un poco tajante pero sé que si eso lo hago un día del fin de semana es magnífico el plan, pero un día de semana, con cole al día siguiente pues no quiero.

Quedar con ellos sé que va a suponer agobio. Yo estaré tan a gusto que me costará irme. Ellos estarán tan a gusto que les costará irse. Nuestra rutina diaria de cenar juntos todos a las 8 de la tarde será difícil de cumplir, la de leer también y la de estar a las 9 en la cama para descansar las horas suficientes y tener nosotros “vida de adultos”, no digamos.

No quiero llegar a casa corriendo, baños y preparar cena a toda pastilla, me voy a poner nerviosa pensando la hora que es, incluso puede que al ponerme nerviosa les grite porque no se lavan los dientes ¡¡ya!! Y posiblemente tenga que repetirlo dos o tres veces, como muchos días, pero puede que en ese momento no esté tranquila y quiero evitar un conflicto.

Creo que tenemos que ser conscientes de nuestras limitaciones. A lo mejor hay familias que consiguen hacer super planes diarios y luego ser super ágiles y acostarse temprano. Nosotros no. Y no quiero que el tener un momento de disfrute signifique luego enfados. No creo que sea justo luego, quejarnos porque los niños nos hacen las cosas rápido. Porque los niños, pocas cosas de las que queremos que hagan los adultos, las hacen rápido.

Mientras se enjabonan, harán pompas de jabón… Pero no habrá tiempo para ello.

Mientras cenan, nos contarán lo que les paso con Kike en el patio… Pero no habrá tiempo  para ello.

Mientras se ponen el pijama, le harán cosquillas a su hermano… Pero no habrá tiempo  para ello.

Mientras se acuestan, pedirán que les leamos una bonita historia… Pero no habrá tiempo  para ello.

Y les enseñamos, que para lo importante, no hay tiempo. El vino con mis amigas puede esperar. La vida pasa, el tiempo se va y los niños crecen. Igual que antes no podía quedar con ellas porque mis ojos estaban para otra cosa, ahora, que sí puedo quedar, tengo que buscar el mejor momento, para que no sea a costa de estropear el ambiente familiar. Y en cierto modo me da pena, porque me apetecía un montón, pero sé que me da más pena agobiarme, andar a prisas, discutir…

enlasmanosdeyaras decir que no

* A cambio, recojo a mis hijos del cole, merendamos juntos y la mayoría de las veces nos vamos a casa, porque esas tardes son NUESTRAS, para los tres, como hicimos siempre desde que nacieron. Y hacemos gofres, leemos, pintamos, hacemos la compra, la cena tranquilamente o nos sentamos en el suelo a montar juntos un Lego. Este año quiero cuidar estos momentos. Son necesarios e importantes. Quiero que sepan que esas dos tardes, soy solo para ellos.

El resto de las tardes hay más cosas, actividades o deporte, estar con papi o con los abuelos, ir al parque con los amigos… Todo pasa y todo cambia. No quiero quemar etapas. El otro día compartí un pequeño vídeo en internet que hablaba de esto, más o menos. Menos HACER y más SER. Os dejo el enlace, en Facebook.

Estamos en rutina y nos ayuda. Y en tu casa, ¿cómo os organizáis? ¿Puedes hacer planes semanales con tranquilidad? Me encantaría leerte y leer también a tus amigas, comparte con ellas este post. ¡¡Gracias!! 🙂

Related Post

Saray Escobar, En las manos de Yaras

comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tu privacidad nos importa. Nunca compartiremos tus datos con nadie.

5 comentarios

  • Dacil

    Me encanta tu post. No hay que perder de vista lo importante. La verdad es que nosotros hacemos muchas cosas, pero planeado. Por ejemplo, si me voy a lo que llamamos “una fiesta bloguera” o a un cumpleaños, sé que esa tarde no toca baño y que la cena tiene que ser rápida o estar ya preparada para llegar y sentarnos a la mesa. Luego se lavan los dientes y contamos un cuento corto que normalmente se inventa su padre en la penumbra de la habitación de los peques. Es algo que ellos ya saben que toca si vamos de fiesta. Algo pactado. No se puede tener todo. Pero la mayoría de los días seguimos la rutina de parque (o juegos en casa), deberes de Daniel, baño, cena, cuento y ¡a la cama! 😀

    Responder
    • Saray

      Hola Dácil. Pues claro, la vida es adaptarse también, y hacer excepciones, claro que sí. Pero no quiero dejarme llevar por eso en mi día a día, quiero ser consciente de lo que hago y no ocupar todas nuestras tardes fuera de casa, porque al final siempre hay algo que hacer, y no haya tiempo para jugar, para hacer cosas juntos. Me encanta eso de los cuentos en la penumbra! jjej Muchas gracias!!!

      Responder
  • elena aguirre

    Saray, no sabes lo mucho que te entiendo!desde que llegaron los mellis yo no puedo permitirme mucha vida social entre semana, porque si no, a las 8,30 de la tarde acabamos todos agobiados y con prisas porque quedan 4 baños, 4 cenas y los cuentos, y los mimos en la cama…. Y se hace tan tarde que ni lo disfritas tu ni ellos.
    También llegó un momento que tuve que romper con esa dinámica también los fines de semana. Parecía que siempre había que hacer planes con gente, con mamis con niños, de esos en los que los niños juegan y desaparecen y los padres quedamos “compitiendo” por lo que hacen nuestros hijos en comparación con los de los otros… Llegué a tener la sensación de que no sabiamos tener tiempo en familia, de que estábamos todo el día socializando y que no podíamos disfrutarlo si no nos dejábamos huecos solo para nosotros 6.
    Ahora no puedo decir nada que no sea afirmar que vivimos mas tranquilos, disfrutamos de las cosas del día a día y ya llegará el momento en que lo echemos de menos…y ya habrá tiempo de tomar vinos y cafes entre semana o todos los fines de semana cuando ellos salgan con sus amigotes 😉

    Responder
    • Saray

      Hola Elena!!! Que alegría leerte. Me ha encantado esto que cuentas de los fines de semana. No lo había pensado pero es cierto que a veces nos ha pasado el estar buscando plan para el fin de semana, y si hace malo, ni te cuento. jejej. Pues a veces, nos obligamos a quedarnos tranquilamente el Sábado por la tarde en casa o el Domingo y a los niños les encanta. Hay tiempo para todo. Para jugar, para leer, para construir, para cocinar… A eso también he aprendido a decir que no. A no llenar los fines de semana con quedadas, actividades y excursiones con amigos. Las vacaciones en Segovia los 4 solos fueron muy especiales y quiero seguir cuidando esos momentos.
      Pero bueno lo vuestros ya, es de matrícula de honor 😉 Muchas gracias!!!

      Responder
  • Saray

    Después de los comentarios de Facebook en los que muchas habéis escrito vuestra opinión con un respeto impresionante, no puedo estar más que agradecida por este dialogo. Aún así, me gustaría aclarar algo porque creo que hay una parte de este post que igual no se ha entendido bien o no me explique bien.
    Me gustaría que no solo os quedaseis con la idea de que no fui a casa de mi amiga a tomarme el vino. Me decís que habría sido una excepción divertida y que los niños de eso también aprenden. Y si, las excepciones son eso, excepciones.
    Mi post y lo que siento, va más allá de una excepción. Estoy hablando de conocernos y de ser capaces de priorizar el tiempo con nuestros hijos, dentro de casa, hacer familia, crear ambiente y no rellenar las tardes con actividades, gimnasio, cafés, quedar con más gente, parque… Porque a veces tengo la sensación de que buscamos actividades porque no sabemos estar solos con ellos y vivir tiempo en familia. Y las excepciones son buenas, porque se aprende que hay un momento para todo, como yo les digo a mis hijos, pero de la vida en familia, de jugar, de no vivir con estrés, de vivir sin prisa, de que sientan que hay tiempo para ellos, de eso, si que nos queda una huella imborrable.
    Mis padres trabajaban y llegaban tarde (lo digo por esas que decía que envidiáis las tardes en casa con los niños) y yo siento que no hubo agobios y prisas en mi infancia. Había tiempo para estar en casa y disfrutar de esos juguetes que pedimos en nuestro cumple y a los Reyes. Había tiempo para charlar.
    Y estoy segura de que mis padres renunciaron a cosas para darme a mi, esos momentos de calidad. Los que podían, los que sus trabajos les permitían. Y había mucho tiempo en familia los fines de semana en casa o solos los tres por ahí, porque a veces parece que rellenamos los fines de semana quedando con amigos, hacer planes, quedar con, quedar y quedar…
    Somos dueños de nuestro tiempo, pero a veces parece que no, que nos dejamos llevar. Y es aquí, donde quiero ser consciente y aprender a decir no. No me gusta escuchar a mis amigas decir que están agobiadas porque las tardes no les dan para nada y ver como ocupan sus horas con cosas y cosas. Las tardes dan para mucho, pero igual lo que sentimos, detrás de ese “las tardes no dan para nada”, es que estamos haciendo lo que hace todo el mundo y no lo que realmente sentimos.
    De nuevo gracias!!

    Responder